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Orden social y desconfinamiento

A mediados de abril de este año de pandemia, Piñera salió en cadena de televisión anunciando la “vuelta a la normalidad”. Justificaba la decisión en que las curvas de nuevos contagios y de recuperados se habían cruzado, interpretando con este antecedente que lo peor había pasado. En respaldo toda la derecha salió a justificar esta nueva normalidad: reapertura de centros comerciales, comercio de bienes suntuarios, vuelta a clases, entre varias iniciativas que se desinflaron en cosa de días.

Tres meses después, la campaña se llama “leve mejoría” y la lidera el ministro de salud Enrique Paris, explicando que los casos nuevos de Covid 19 han caído sustancialmente, junto con otros indicadores que se correlacionan estadísticamente como porcentaje de PCR positivos, enfermos en UCI, etc.(1) Sin embargo, el nivel de contagios es similar al que existía a mediados de mayo, con poco más de 2.000 nuevos casos diarios, por cierto mucho menos que el peak de 6.938 del 14 de junio, pero muy lejos de un nivel razonablemente bajo como para pensar que no existe la posibilidad de un incremento exponencial nuevamente e incluso es superior al nivel que hizo fracasar el discurso de la nueva normalidad.

La pandemia está lejos de ser controlada y todo indica que solo un 6 a 8 % de la población ha sido contagiada por el virus, siendo detectados por los exámenes PCR una fracción de estos.

Este porcentaje es relevante, porque para que exista inmunidad de rebaño, al menos el 60 o 70 % de la población debería haber tenido la enfermedad (con o sin síntomas), lo que hace presagiar que una vez liberadas las restricciones habrá posiblemente rebrotes importantes.

Esto nos lleva a analizar si las medidas que se mantendrán resultan razonables para restringir la expansión del virus, hasta que exista una vacuna, fecha absolutamente incierta, por lo demás.

La definición del gobierno es que habrán cinco etapas: Cuarentena, Transición, Preparación, Apertura Inicial y Apertura Avanzada.

Para definir el paso de una etapa a otra, el gobierno señala una serie de criterios, sin embargo no ha generado lo que en matemáticas se llama “figura de mérito”, es decir una fórmula que entregue un valor objetivo que permita “medir” el nivel de la pandemia. Así el gobierno puede interpretar a su antojo los distintos indicadores para justificar su decisión de avanzar o retrotraer las medidas de prevención, tal como lo ha hecho hasta ahora.

Algunas comunas de la Región Metropolitana entrarán a la etapa de Transición, poniendo en riesgo el avance en el control de la pandemia, dado que no es posible, a diferencia de otros lugares de Chile, limitar la movilidad desde las zonas en cuarentena a las que caminan hacia el desconfinamiento.

Esta etapa se caracteriza porque se permitirá la apertura de las empresas y el comercio, para ello se permite el traslado libremente de las personas durante el día, pero se mantiene el toque de queda durante las noches. Se permiten reuniones sociales de hasta 10 personas en lugares abiertos y de 5 en lugares cerrados. Restaurantes, cines, bares, discotecas y gimnasios siguen cerrados.

Curiosamente estas medidas asumen que un par de borrachitos en una plaza, representan mayor riesgo de difusión del virus que un tren de metro atiborrado con cientos de personas, todas ellas a muy corta distancia unas de otras. Incluso los noticiarios han mostrado, que en plena cuarentena, hay buses que a las siete de la mañana circulan llenos de trabajadores, que deben dar empujones para conseguir un espacio en la pisadera, respirando literalmente cara a cara con desconocidos. Cuando estas personas son controladas por la policía la inmensa mayoría cuenta con un permiso de trabajo: el Capital requiere que los trabajadores sacrifiquen su salud e incluso su vida en pos de la productividad.

Parte importante de la limitación en las medidas a considerar, proviene del concepto de orden de la elite chilena. Su idea es que orden es un grupo de personas que se encuentran en filitas a distancia homogénea mientras contemplan el discurso de los poderosos, para luego dar un aplauso cerrado a un discurso del que solo son espectadores y que muchas veces ni siquiera entienden. ¿O acaso las largas filas frente a las AFP, esperando poder retirar dinero de una ley que ni siquiera está vigente, no muestra plenamente este desconocimiento de la forma en que funciona el sistema político-económico del país?

Aparte de este concepto de orden público de carácter prusiano, el gobierno está “obligado” a apurar el tranco en las medidas de desconfinamiento, dado que las diversas medidas económicas tomadas a nivel central han sido incapaces de morigerar la profundidad de la crisis económica y social. Existe casi un millón de apelaciones a la categorización que entrega el Registro Social de Hogares y que ha dejado sin acceso al Ingreso Familiar de Emergencias a cientos de miles de familias que han caído en la pobreza. Al mismo tiempo solo una fracción menor de los créditos Fogape han sido dados a las pequeñas empresas y en general por montos mucho menores a los requeridos. Otras medidas como las cajas de alimentos son claramente insuficientes y no se ajustan a lo que necesita una familia para sobrevivir a meses de carencia de ingresos. El Estado es incapaz de detectar a quienes requieren de ayuda urgente, incluso a más de de cuatro meses de cuarentena.

En definitiva, la pandemia está mostrándonos que ahora que consumimos solo lo que necesitamos, el Capitalismo entra en crisis, porque requiere de un consumo desenfrenado para funcionar, con todas las consecuencias sociales y ecológicas que lleva esta necesidad de crecimiento infinito, el que físicamente no es posible.

Esto nos lleva a que como anarquistas tengamos que buscar nuevas formas de relacionarnos en lo social y económico, no solo ahora, sino que pensando en la generación de una sociedad igualitaria, realmente humana y que respete las limitaciones ecológicas que tiene el planeta que habitamos. Pero eso ya es materia de otro análisis, y también de un gran debate, que dejamos pendiente por ahora, pero que invitamos a todos los compañeres a construir colectivamente.

(1) Al ser variables correlacionadas estadísticamente, esto en la práctica equivale a que es un solo parámetro el considerado, pues los otros se mueven en el mismo sentido.

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